Lugares de interés en Conil

La Torre de Guzmán, construida hacia el 1300 fue el núcleo alrededor del cual fue surgiendo la nueva villa durante los siglos XIV y XV, configurándose a su alrededor la que se llamó Plaza Mayor con los edificios principales: la iglesia parroquial de Santa Catalina, las casas del Cabildo, la escuela de gramática y las casas principales de los sirvientes y criados de la casa ducal. En aquellos tiempos el castillo contaba con una campana a cuyo toque se reunía el pueblo en “Cabildo Público” a “campana tañida”. Esta plaza, llamada luego de “Santa Catalina” ha sido el escenario de todos los acontecimientos de la vida pública de la villa hasta mitad del siglo XIX en que el centro se traslada a la Plazuela, llamada de la Constitución y luego Plaza de España, centro neurálgico de la actual villa de Conil.

El Convento de Nuestra Señora de las Virtudes, cuya construcción data del siglo XVI, de una sola nave con planta de cruz latina y capillas adosadas. La cubierta es una bóveda de medio cañón sostenida por arcos fajones que descansan sobre grandes contrafuertes. El crucero está cubierto por una bóveda vaída en piedra y en su centro, presidiendo el altar mayor, tiene labrado el escudo ducal de la casa de Medina Sidonia. Toda la bóveda está labrada en piedra de cantería formando casetones y roeles. La puerta principal de acceso al templo es un arco de medio punto, labrado con casetones y flanqueado por dos pares de columnas dóricas, con frisos y metopas que sostienen una cornisa que enmarca la portada y sostiene el cuerpo superior. La torre posee dos cuerpos, el superior rematado por un chapitel revestido de azulejos. En el primer cuerpo de la torre se encuentra una hornacina con una estatua de piedra caliza que representa a Santa Catalina. La sacristía está cubierta por bóveda de cantería y tiene labrado en su centro el anagrama de la orden de Mínimos : “CHARITAS”, que significa caridad.

El Baluarte, recinto amurallado, tenía en sus ángulos y esquinas unos contrafuertes o cubos utilizados para disponer en ellos puntos de vigilancia y de defensa con piezas de artillería. Uno de estos, que incluso ha dado nombre a una calle, se puede contemplar magníficamente restaurado, en el nº 26 de la calle Extramuros. La Iglesia Mayor de Santa Catalina, cerrada al culto y en lamentable estado de ruina, antigua parroquia, preside la plaza y jardines de su nombre. Desde el siglo XV, construcción de la primera iglesia hasta el edificio actual, son muchas las obras y construcciones realizadas. El párroco Francisco de Paula Fernández-Caro emprendió en 1886 las obras que configuraron la actual iglesia. Estas obras duraron seis años y la remodelación alcanzó a todo lo existente del edificio anterior, levantando prácticamente todo desde sus cimientos. Los planos y la obra se deben al chiclanero D. Juan Bautista Olivares, arquitecto municipal de Cádiz en aquella época, el cual se ofreció de forma gratuita. Antes de finalizar las obras marchó a Buenos Aires por problemas de salud. Quedó al frente de las obras el padre Caro y el maestro aparejador D. Cayetano Cano, vecino también de Chiclana.

El resultado fue un edificio de respetables dimensiones, de estilo arquitectónico poco definido, mezcla de neogótico y neomudéjar, fruto de la corriente eclepticista de la época y preludio del modernismo que se acercaba. Pronto presentó la nueva obra problemas estructurales debido a la poca consistencia del terreno, dando lugar a reparaciones costosas que llevaron a cerrar el edificio al culto en el año 1930. Permaneció en espera de ser restaurado hasta el día de hoy, siendo su estado actual de ruina fruto del abandono y la desidia de todos y no consecuencia directa de problemas en la construcción. Como complemento del sistema defensivo en la edad media, además de castillos y fortalezas y de la milicia cancejil que a caballo recorría la costa a diario, un rosario de torres jalonaban la zona costera desde Ayamonte a Gibraltar. Son las torres vigías.

En la línea divisoria con Chiclana se encuentra la Torre del Puerco, de estructura cilíndrica y de 8 metros de altura con dos bóvedas.

Por la costa en dirección hacia Conil y en el cabo de su nombre, la Torre de Roche, de base cuadrada construida en la segunda mitad del siglo XVI, se conservaba relativamente en buen estado hasta hace poco tiempo. Convertida en faro para la navegación, las obras de adaptación han supuesto una intervención en su fisonomía que le ha quitado todo el empaque del pasado.

Le seguía otra torre, hoy desaparecida, que se llamaba Torre Blanca, en el lugar conocido por Puntalejo. Ya en Conil, al pie del camino de Cádiz, en el acantilado, la Torre Atalaya, también desaparecida y su emplazamiento actualmente lo ocupa un poste de mampostería pintado de blanco que sirve de señal para la pesca y el calado de la almadraba. Le sigue la Torre de Guzmán de la que ya hemos hablado y por último, dentro del término municipal, la Torre de Castilnovo es la de mayor importancia después de la de Guzmán ya que tenía doble misión: defensiva y de ayuda a la almadraba de su nombre. Formando parte de un recinto amurallado, pequeña fortaleza con Alcaide, cargo de preeminencia con voz y voto en el cabildo de Conil, recinto que fue destrozado por la fuerza del mar en el maremoto del día primero de Noviembre de 1755.

Estas torres, mediante un sistema de ahumados y señales con fuego, ponían en alerta a las torres vecinas avisando a las poblaciones para que estuviesen alertas. Con el paso del tiempo estas torres quedaron en desuso convirtiéndose en testigos mudos de un pasado lleno de sobresaltos.

;

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>