La sociedad y la cultura de Andalucía

De la sociedad andaluza, de ahora y de siempre, sobresalen grandes pensadores, pintores, políticos, escritores y poetas. Como no, grandes toreros, guitarristas y cantaores pueden encontrarse por toda la geografía andaluza.

Desde el mítico Averroes, filosofo cordobés, hasta los emperadores romanos Trajano y Adriano que llegaron de Itálica, o incluso Séneca, así como también nacieron en estas tierras los grandes pintores Diego de Velázquez, Pablo Picasso y Julio Romero de Torres o poetas y escritores de la talla de Federico García Lorca y Rafael Alberti.

Obviamente y como zona de gran influjo, grupos de la comunidad gitana jalonan la geografía andaluza destacándose grandes artistas de la talla de Camarón y Paco de Lucia que sacan lo andaluz allende nuestras fronteras.

Existiría, desde siempre, perdiéndose en los tiempos más remotos, una «esencia» de lo andaluz, permanente a través de los siglos, desde Tartesos hasta la actualidad, pasando por las sucesivas civilizaciones, romana, musulmana y castellana.

Blas Infante afirma, por ejemplo: «La vida original, cuya continuidad perpetúa el genio de su antigua ascendencia, es alentada todavía por el pueblo andaluz… Su sangre ha podido enriquecerse con las frecuentes infusiones de sangre extraña, pero sus primitivas energías se han erguido siempre dominadoras» (Blas Infante 1915: 62).

Según alguna de las hipótesis, serían características de la cultura andaluza, a lo largo de la historia: La apertura y universalidad, la complejidad o diversidad interna, el cultivo de la sensualidad, la tendencia a lo provisional, la sobrevaloración de lo accesorio, la minusvaloración de rasgos muy esenciales en otros pueblos, etc. Tales características «parecen ser rastreables en todos los períodos de nuestra historia, y se manifiestan de forma diversa en esa constelación de elementos que llamamos cultura» (cfr Gran Enciclopedia, art. «cultura andaluza», 1979, vol. 3: 1124).

Primera, la visión universalista, debida al papel histórico de puente entre distintas civilizaciones, que ha realizado Andalucía; lo que la ha llevado a elaborar una síntesis propia, marcadamente abierta, internacionalista, humanista.

Segunda, el radicalismo revolucionario, puesto de manifiesto en explosiones colectivas, a lo largo de su historia, y acendrado desde el siglo pasado por las ideologías sociales contemporáneas.

Tercera, en contraste con ese radicalismo, un escepticismo político muy acusado, que lleva muchas veces al pueblo a la pasividad, al pesimismo ante los pequeños logros de la política cotidiana; sólo en grandes momentos se moviliza de forma radical.

Cuarta, la escasa europeidad, originada por el hecho de encontrarse Andalucía en una encrucijada fronteriza de la llamada civilización occidental, su identificación con ésta resulta un tanto relativa; hay una carga orientalizante, acumulada desde su nacimiento histórico (todavía hoy se reflejaría en la lidia del toro, ciertas formas del baile y el cante, del arte y la religión popular).

Y quinta característica, el predominio del realismo y la sensualidad sobre el misticismo, como puede advertirse en la vida andaluza y en su estética.

La bandera Andaluza

A finales del siglo XI aparece, por primera vez, la bandera verde y blanca. Ondeó en la torre de la Mezquita de Sevilla (La Giralda) para celebrar la batalla de Alarcos. El verde es extraído del estandarte de los Omeyas, y representa la convocatoria del pueblo. El blanco que en heráldica es interpretado como parlamento o paz, era el perdón de los almohades. Nuestra bandera da el mensaje: Verde de esperanza y unión y blanco de de paz y diálogo. Nace como símbolo de tolerancia, por amor a nuestra tierra y a la cultura.

La Era de la Globalización

Para Andalucía, como para todos los pueblos que han sido conformados en un proceso histórico de siglos, en nuestro caso de milenios, y que poseen una identidad específica, el principal reto a superar en el siglo XXI será el saber situarse adecuadamente en un mundo que va a estar crecientemente definido por la interacción entre las dos dinámicas, opuestas pero complementarias, de la globalización y la reafirmación identitaria.

La identidad lingüística

Los que conocemos y defendemos el habla andaluza abogamos el normalizarla. Lo primero es que la Lengua andaluza, nuestra forma de hablar, es fruto de un proceso histórico que empieza a partir de la conquista romana. En ella, al andaluz se le impone el latín como única lengua, reprimiendo el idioma autóctono entremezclado de las diversas civilizaciones que hasta ahora pasaron por Andalucía antes que los romanos. El latín perdurará hasta que la civilización musulmana entra en Andalucía. El pueblo almorávide se asienta durante 7 siglos en los cuales Al-Andalus llega a su máximo esplendor. El Pueblo Andaluz asimila sin ningún tipo de imposición ni fuerza a la esplendorosa cultura Andalusí, y ésta desprende todo su potencial sobre Andalucía. De esta época perviven vocablos y, sobre todo, nombres que jalonan la geografía andaluza: Guadalquivir, Guadalhorce, Alcazar,…

Y existen círculos en los que se defiende que el habla andaluz es un mal acento del castellano, una forma de hablar atropellada y descansada que nada más lejos de la realidad. El andaluz tiene su propio habla y hasta 15000 palabras de uso exclusivo andaluz rellenan el vocabulario de la comunidad. Incluso habría que destacar los distintos acentos que las regiones poseen. Como ejemplo, existen diccionarios que confirman esta afirmación. Palabras como babucha, chigüato, chícharo, bajío, bujío, bastinazo, merdellón, aliquindoy, churrete o picota no hacen sino afirmar esta realidad.
Informe del defensor del pueblo andaluz.


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